viernes, 28 de octubre de 2011

Bartolomé Xiberta y las monjas carmelitas II

 
Gracias a la gran abundancia de cartas enviadas a las monjas carmelitas, se ha podido descubrir otra faceta de la rica personalidad de Bartolomé Xiberta. En efecto, sin haber escrito ningún tratado de espiritualidad, a través de sus cartas aparece, junto con el P. Juan Bautista Brenninger, como el gran maestro de la espiritualidad carmelitana de nuestro tiempo. De hecho se han recopilado en cuatro volúmenes cartas y otros escritos espirituales de Bartolomé Xiberta.

Ellas nos han dado a conocer la dimensión profunda de su personalidad, que unía al sabio con el santo. Las monjas conocieron y admiraron sus virtudes: humildad, abnegación, caridad, total disponibilidad para ayudar y sacrificarse por los demás. También supieron de sus sufrimientos y alguna religiosa fue testigo de sus lágrimas. Con razón se puede afirmar, y las cartas lo demuestran hasta la saciedad, que las monjas eran sus verdaderas confidentes. Era exigente consigo mismo, pero tolerante y complaciente en extremo, sobre todo con los más débiles y enfermos. Porque vivía personalmente la mística sabía aconsejar y guiar a las que estaban llamadas a escalar la cumbre de la espiritualidad.

Con motivo de su muerte se publicó el testimonio realmente edificante y revelador de algunas carmelitas que lo conocieron y trataron a fundo.

El testimonio de una monja expresa lo que pensaban de él todas las que lo trataron: “Era un santo. Es difícil hablar de sus virtudes, puesto que al subrayar una se descubre otra que brilla con igual magnitud. Para nosotras es un santo muy humilde pero muy grande, que ha sabido unir su gran sabiduría con su gran santidad. Y esto bajo humildes apariencias que le asemejan a Jesucristo que pasó por el mundo haciendo el bien. Un padre rebosando tres grandes amores: Dios, Nuestra Santísima Madre y la Orden del Carmen. Un padre con el corazón rebosando de sabiduría, bondad y sencillez”.

Cuando llegaba a un monasterio de monjas espontáneamente manifestaba una alegría desbordante, puesto que se sentía como en casa. Sabía que era comprendido y aceptado. Allí podía desahogarse y manifestar abiertamente sus más intimas convicciones religiosas. De este modo se entregaba en cuerpo y alma a atender espiritualmente a las religiosas. En sus visitas, generalmente breves, el ministerio pastoral que realizaba era agotador: pláticas, confesiones, dirección espiritual. Todas las monjas aprovechaban su estancia para hacerle consultas espirituales. Sin embargo, él solía decir, y no cabe duda que era sincero, que la visita a un monasterio era un descanso para el espíritu. Su trato con las monjas más que respetuoso era reverente. De hecho encabezaba las cartas con: Venerada hermana. Jamás hizo discriminaciones. Trataba por igual a la Madre superiora que a la más humilde Hermana de obediencia. Sus preferencias eran para las enfermas y las que sufrían alguna grave tribulación.

R. Ribera, “El P. Xiberta y la restauración de la Provincia de Cataluña”, in “Cerni Esentia Veritatis. Miscelánea homenaje al P. Xiberta de la región ibérica carmelita”, Barcelona, 1999, p. 85-86.

sábado, 22 de octubre de 2011

Bartolomé Xiberta y las monjas carmelitas I


En sus anos de exilio en Cataluña (como más tarde en Roma), el P. Bartolomé Xiberta, a su de por sí fatigosa actividad, añadía la preocupación y atención espiritual a los cuatros conventos carmelitas catalanes de clausura, tres de los cuales fueron destruidos durante la guerra.

Visitaba las monjas carmelitas siempre que podía, asistiéndolas espiritualmente y las ayudaba con todos los medios a su alcance. Ellas fueron las que más íntimamente le trataron, y las mejor dispuestas para recibir y asimilar su magisterio espiritual. Cuando al P. Xiberta se le preguntaba acerca de su verdadera devoción hacia las monjas, respondía que eran ellas las que mejor representaban y realizaban el ideal del Carmelo. Escribe a una monja de Jesi (Italia): “Es para mí un motivo de gran consuelo poder dedicar un poco de tiempo de mi ministerio a nuestras Hermanas para fomentar más y más la perfección de la vida Carmelitana en nuestros Carmelos. Por eso, tanto V. C. (Vuestra Caridad), como las demás Hermanas, pueden escribir con toda libertad, persuadidas de que no me roban el tiempo ni es molestia alguna para mí”.

En otra carta añade que si bien es cierto que está muy ocupado, lo primero es promover el bien espiritual de los conventos. Las anima a que le escriban. Aunque puede ser que sus respuestas sean breves, pero lo hará con mucho gusto. Le recomienda a la monja que rece por el Carmelo de Cataluña y especialmente por el Seminario menor, que está en vías de restauración.

Escribiendo desde un pueblecito cercano a Olot, donde daba Ejercicios espirituales a unas monjas, no carmelitas, dice: “¡Cuán atractivo es este trabajo de reflexión sobre las grandes verdades de la vida sobrenatural en compañía de almas consagradas a Dios!” Y esperando dar una tanda de Ejercicios a monjas carmelitas dice que para él son días de “gozo interior”.

Al P. Enrique Esteve le recuerda que las monjas son parte esencial de la Orden y añade: “Creo que no debemos ahorrar ningún esfuerzo para ayudarlas. Mucho me gustaría saber encontrar vocaciones y dotes. Con las cartas y dando Ejercicios espirituales, cuando puedo, es mi manera de hacer algo a su favor”. En otra carta al mismo Padre dice que es un deber de nuestros Padres dar Ejercicios cada año a las monjas. Desea hacerlo así en Cataluña y en la Provincia Arago-Valentina. Confiesa que le causa un gran gozo interior. Si le llaman a Roma piensa hacer lo mismo con las carmelitas italianas.

Bartolomé Xiberta aprovechaba las vacaciones de Navidad y Pascua para visitar los conventos de Italia, mientras que en las de verano visitaba los de España y Portugal. Con frecuencia empalmaba una tanda de Ejercicios espirituales con otra. En el Arxiu P. Xiberta se conservan muchos manuscritos de sus Ejercicios; dos de ello, dados en Barcelona y en Jesi, son completos, puesto que las monjas los taquigrafiaron mientras los predicaba. El P. Joan Colldecarrera, siendo Provincial, publicó, para uso privado, unos Ejercicios del P. Xiberta.

R. Ribera, “El P. Xiberta y la restauración de la Provincia de Cataluña”, in “Cerni Esentia Veritatis. Miscelánea homenaje al P. Xiberta de la región ibérica carmelita”, Barcelona, 1999, p. 84-85.

lunes, 17 de octubre de 2011

Dirijamos nuestros pasos hacia la cumbre del Carmelo


El Carmelo es una montaña en que las faldas son más bien feas y, si uno se detiene en ellas, con facilidad pierde el aliento y no encuentra gusto en nada. Pero en la cima ¡oh, qué hermoso es todo! Si alguien se quisiera quedar en la falda moriría de asco, pero, si se decide a subir a la cima, desde que comienza el ascenso experimentará lo que es gozar.

En la cima realmente hallaremos a Nuestra Santísima Madre, y donde Ella se encuentra todo es belleza y alegría. Relean en el Oficio de Nuestra Santísima Madre el Himno de Laudes: hacia las altísimas cumbres del Carmelo dirijamos nuestros pasos, nos llama la Virgen Madre, para enriquecernos de gracias. Allí nos es dado ver la faz y la gloria de Dios…

La veremos, naturalmente, tal como es posible en este mundo, por la oración y la contemplación. Y por lo tanto lo más que nos debe preocupar es aprender a orar: acostumbrarnos a pasar el tiempo en intimidad con Jesús y María; mirar y conversar de tú a tú con el Señor.

Esto se aprende con relativa facilidad mientras no se tengan otras preocupaciones. Si uno se preocupa de las criaturas, sobre todo de sí mismo, de si estoy así o asá, si me hacen esto o aquello, entonces no acabará nunca de vivir en intimidad con Jesús y María.

Sólo les advertiré que no pretendan llegar a la cumbre en seguida. El himno nos dice: Dirijamos nuestros pasos (“gressus feramus”) hacia la cumbre. Mientras vayamos caminando, Nuestra Santísima Madre ya está contenta y nos ama.

Bartolomé Xiberta, O. Carm., in “Fragmentos Doctrinales”, p. 157-158

sábado, 8 de octubre de 2011

La doctrina espiritual de Bartolomé Xiberta y su actualidad II


El mensaje de este fraile humilde e insigne teólogo sin duda alguna es válido también para el mundo actual, tan desesperanzado y triste como alejado de Dios: “Dios es bueno y nos ama; en Dios está nuestra felicidad”. Si el mundo está sumido en sombras de muerte y desesperación no es porque Dios se haya alejado de él (pues lo sigue amando a pesar de todo), sino porque el mundo se ha alejado de Dios. Si Dios parece que calla es porque el mundo no escucha. “El pensamiento de Dios – dice Bartolomé Xiberta – lleva necesariamente al optimismo. Porque Dios es dichoso en sí mismo, esencialmente, en grado infinito y, por otra parte, es dador de felicidad necesariamente. El sólo puede hacernos dichosos”. Para él, la tristeza y la desesperación es la condición del que no tiene fe.

Qué debemos hacer para corresponder a este amor de Dios? Desde luego corresponder con amor. ¿Cómo? Y aquí está la originalidad de la doctrina de Bartolomé Xiberta: “Para amar dignamente a Jesús hay una cosa más grande (que ofrecer nuestro amor): dejarse amar por El. Esta es la primera cosa de la vida espiritual: dejarse amar. Esta es la verdadera entrada en la oración: darnos cuenta de que Jesús nos ama. Después viene nuestra respuesta. Amen mucho a Jesús y María, pero más aún, déjense amar por Ellos. Es más importante dejarse amar que amar”.

Este dejarse amar no es una actitud meramente pasiva, comporta todo un programa de vida espiritual informado por el amor, la generosidad, la alegría y el fervor en el servicio del Señor. Este es el sentido que tiene para Bartolomé Xiberta la expresión que repite tanto en sus cartas: “Qué Jesús y María nos amen”. No quiere sólo expresar un deseo, sino estimularnos a la generosidad en el servicio de Dios para hacernos menos indignos de este amor.

Pablo M. Casadevall, O. Carm., in “Fragmentos Doctrinales de Bartolomé Xiberta”, p. XIII-XIV

La doctrina espiritual de Bartolomé Xiberta y su actualidad I


La doctrina espiritual de Bartolomé Xiberta es y seguirá siendo actual, pues la ha bebido en las más puras fuentes del Evangelio, cuyas verdades él intuye con su agudeza de teólogo y vive como cristiano práctico y religioso fervoroso. Los santos parece que tienen un sexto sentido para captar las cosas de Dios. Son, como todos los mortales, hombres de su tiempo, que reciben las influencias del medio en que tuvieran que desenvolverse, pero que, en la aplicación práctica de las verdades, saben dar la importancia a lo que lo tiene y guardar en todo un justo equilibrio.

El punto central de su mensaje yo lo veo en el enfoque que él da al amor: “Jesús es bueno y nos ama”, que nos suena en sus labios y en su pluma como el magnum gaudio, es decir, el anuncio gozoso de la Buena Nueva. La iniciativa parte de Dios. Es, al fin y al cabo, lo mismo que nos dice el Discípulo amado: “En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros” (1 Jn. 4,10).

Bartolomé Xiberta, con la sencillez de un niño y con la profundidad de un teólogo, repite continuamente en sus cartas: “Jesús es bueno y nos ama”. Se dice de San Juan Evangelista que al fin de su vida ya no sabía decir otra cosa, sino: “Amaos los unos a los otros”. El Padre Xiberta en su madurez llega también a una simplificación semejante de la vida espiritual: “Por lo demás, no sabría qué decir, sino lo de siempre: “Que Jesús es bueno. Aquí empieza y acaba todo” (carta 39).

Y, como buen carmelita, al amor de Jesús une el Padre Xiberta el amor de María: “Jesús y María son buenos y nos aman. Jesús es bueno y María es nuestra Madre, así que es un estúpido el que se angustie”, y de diversas maneras va repitiendo los mismos conceptos.

El primer efecto que produce en nuestra alma sabernos objeto del amor de Dios es una gran alegría, tanto más grande cuanto más se comprende y se cree esta verdad. “Con el gozo y la paz empiezan los frutos de Espíritu Santo”. Nada tiene de particular, pues, que él dé tanta importancia a la alegría en el Señor: “Con un Señor tan buenísimo y una Madre como María, ¿cómo no estaríamos rebosando de alegría”.

Pablo M. Casadevall, O. Carm., in “Fragmentos Doctrinales de Bartolomé Xiberta”, p. XI-XIII

jueves, 6 de octubre de 2011

En María está la belleza

 
En María está la belleza; pero no una belleza cualquiera, sino la belleza incomparable que cautivó el corazón de Dios, la belleza que cautiva también nuestras almas. En María está la belleza de la “vida”. (…) La belleza que admiramos en la Santísima Virgen conduce a la vida, y nos transporta infaliblemente a la belleza divina de su Hijo. Nosotros estamos naturalmente ávidos de belleza. Saturémonos de la belleza de María, contemplándola a placer; no seamos avaros del tiempo que podamos emplear en esta contemplación. Pero contemplémosla de manera que su belleza se grave en nosotros y haga nuestra alma grata a los ojos de Dios. La Sabiduría, según la Sagrada Escritura, es también bella en el sentido de que embellece el alma que la posee, y embelleciéndola la vivifica. Al igual María: los hijos que se dejan vestir y adornar de tal Madre, se quedarán tales que agraden a Dios, amador de la belleza verdadera.

P. Bartolomé Xiberta, O. Carm., in “La fiesta de la Virgen del Carmen”, p. 66

Amar y dejarse amar por Jesús


Amen mucho a Jesús y a María, pero, más aún, déjense amar por Ellos. Nadie me lo quita de la cabeza que es más importante dejarse amar que amar. Poca cosa es lo que reciben de nosotros y mucho lo que Ellos nos dan.

Como dice Santa Magdalena de Pazzis: Nosotros antes de existir en el mundo, fuimos un pensamiento de la mente divina y un destello de su amor.

Yo creo que cometemos una equivocación garrafal: Nos pensamos que nuestra principal obligación es dar a Dios, y hacer sacrificios y mortificaciones y quien sabe qué más. Pues no, esta es la segunda obligación, porque la primerísima es disfrutar: A Dios nuestro bien le place sobre todo dar; recibir, sólo en segundo lugar.

P. Bartolomé Xiberta, O. Carm., in “Cartas desde el Carmelo” – carta 12

Padre Bartolomé Xiberta en el Concilio Vaticano II


Los participantes carmelitas en el Concilio Vaticano II, fotografiados el 23 de octubre de 1962, 12 días después de la apertura del Concilio. Fila de atrás (de izquierda a derecha): P. Bartholomaeus M. Xiberta (Cat), Obispo Redemptus Gauci (Mel), Obispo Raymond Lui (Flum), Obispo Nevin Hayes (PCM). Fila de delante (de izquierda a derecha): Obispo Gabriel Bueno Couto (Flum), Obispo Avertanus Albers (Indo), P. Kilian Healy (Prior General), Obispo Telesphorus Cioli (Ita), Raymond Lamont (Hib-Z).

miércoles, 5 de octubre de 2011

Proceso de Canonización del P. Bartolomé M. Xiberta, O. Carm.

  
El día 26 de septiembre de 2003 tuvo lugar en el palacio del obispo de Barcelona, la Clausura del Proceso Diocesano de Canonización del P. Bartolomé Fanti M. Xiberta, O.Carm., presidida por el Cardenal Mons. Ricard Maria Carles. La copia de las Actas del Proceso y los Documentos fueron entregados en Roma a la Congregación de las Causas de los Santos para la elaboración de la Positio.

martes, 4 de octubre de 2011

Padre Bartolomé Xiberta, O. Carm



El Padre Bartolomé Xiberta, O. Carm., nació en Cataluña el 4 de abril de 1897, entró en la Orden Carmelita en 1912 y profesó solemnemente en 1917. Dos años después fue enviado a Roma para continuar los estudios teológicos. Fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1919.

Maestro en Teología, por la Universidad Gregoriana, a cuya enseñanza consagró casi toda su vida. Fue profesor de Teología Dogmática en el Colegio Internacional San Alberto (Roma) y en el Pontificio Instituto de Ciencias Sagradas Regina Mundi. Fue miembro de la Academia Romana de San Tomás, y de otras Academias y Sociedades de Estudios; consultor de la Sagrada Congregación de Sacramentos; miembro de la Comisión preparatoria del Concilio Vaticano II y perito del mismo, participando muy activamente en las dos primeras sesiones. Fue una personalidad destacadísima en su Orden, desempeñando los más altos cargos: Comisario General de Cataluña y Asistente General.

En el campo teológico, uno de los mayores méritos de Bartolomé Xiberta consistió en descubrir y revalorizar a los maestros carmelitas medievales, sobre los que escribió dos valiosas obras: De Scriptoribus scholasticis s. XIV ex Ordine Carmelitarum (Lovaina 1932) y Guiu Terrena, carmelita de Perpinyú (Barcelona 1932). Fue una personalidad polifacética en el terreno teológico. Autor de numerosas obras (impresas y manuscritas), fue talento especulativo, que cultivó con gusto la investigación histórica.

Como teólogo especulativo, destacan sus estudios sobre el sacramento de la Penitencia, al que dedica la obra Clavis Ecclesiae, Roma 1922; y sobre las doctrinas cristológicas, de las que se ocupa en las obras: Tractatus del Verbo Incarnato, 2 vol., Madrid 1954, El yo de Cristo. Conflicto entre dos Cristologías, Barcelona 1954. Elaboró una selección de fuentes para el estudio de la Cristología en una obra meritísima: Enchiridion del Verbo Incarnato (Madrid 1957). Su concepción general de la Teología la dejó expuesta en su obra Introductio in Sacram theologiam (Madrid 1949). Su última obra estuvo dedicada a la divina Revelación: La tradición y su problemática actual (Barcelona 1964).

Influenciado por el Cardenal Franz Ehrle y el jesuita Maurice de la Taille, escribió su tesis doctoral Clavis Ecclesiae, un estudio por el que ha sido bien reconocido como un renovador del sacramento de la penitencia, afirmando que en la Iglesia primitiva la penitencia tenía un carácter social y comunitario y orientada hacia la reconciliación del individuo con la Iglesia y con Dios.

Desarrolló un intenso apostolado en bien del Carmelo femenino, no sólo con su continua correspondencia, sino también por medio de retiros, ejercicios espirituales, conferencias, etc. Aprovechaba las vacaciones de Navidad y Pascua para recorrer los monasterios de Italia, y las de verano las reservaba para los de España y Portugal.

Bartolomé Xiberta fue un cristiano dedicado al servicio del pueblo de Dios, un católico convencido de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, un carmelita totalmente dedicado al servicio de Cristo a través de María y en el espíritu de Elías.

Murió en Tarrasa el 26 de Julio de 1967, después de tres largos años de enfermedad.

El día 26 de septiembre de 2003 tuvo lugar en el palacio del obispo de Barcelona la Clausura del Proceso Diocesano de Canonización del P. Bartolomé Fanti M. Xiberta, O. Carm., presidida por el Cardenal Mons. Ricard Maria Carles.

Más información sobre el pensamiento de este teólogo carmelita, que durante el Vaticano II se sentaba en el mismo banco junto a Karl Rahner y Henri de Lubac, se encuentra en la publicación In Mansuetudine Sapientiae, con la que en el 1990 sus colegas y discípulos han querido honrar a su compañero y profesor con una colección de estudios varios.

Fuentes:
Pablo M. Casadevall, O. Carm., in “Fragmentos Doctrinales de Bartolomé Xiberta”.
Enrique Llamas Martínez, Enciclopedia Rialp.